EL CINE DE QUINQUIS

Se conoce popularmente como cine "quinqui" o cine costumbrista al subgénero cinematográfico que narra las vivencias y aventuras de conocidos delincuentes (habitualmente jóvenes) que han alcanzado la fama gracias a delitos cometidos. Este género se hizo muy popular en España a finales de los años setenta y a principios de los ochenta debido a la gran inseguridad ciudadana que vivía el país en aquella época. Fue además en la década de los ochenta donde alcanzó su máximo esplendor rodándose multitud de películas y sagas. Vistas hoy en dia, son un auténtico testigo de una época complicada, manteniendo su interés como fenómeno sociológico, la mayoria de ellas pobres técnicamente, de calidad ínfima i de ideología machista y falsamente izquierdistas.

Es muy frecuente que en las películas de cine quinqui un delincuente habitual se convierta en actor y que se interprete a sí mismo o a otro delincuente (al cual conoce o ha conocido) pretendiendo darle así un mayor realismo a la cinta.

Muchas de estas películas son biográficas o pseudobiográficas, centradas en narrar la vida de un determinado delincuente así como: su entorno, sus fechorías, la situación de exclusión social sufrida, torturas sufridas en comisaría, etc. Es común presentar al delincuente como un personaje "noble" fiel a unos determinados valores como la lealtad grupal, el amor a una determinada mujer "arrebatada" en ocasiones a un clan o grupo social rival o la preocupación por el bienestar de su familia.

El tema central del cine quinqui es la delincuencia y la marginalidad que la rodea. Así se presente como algo normal el mundo de la droga. Tal es así que no es extraño ver en estas películas a toxicómanos preparando la dosis de "caballo" (heroína), "chutándosela" (inyectándosela), "colocados" (drogados) o con "el mono" (síndrome de abstinencia). En algunas de estas películas se muestra al protagonista en situaciones en las que delinque con el objetivo de ayudar económicamente a su familia. No es extraño ver escenas eróticas e incluso ver a los protagonistas practicando el sexo o mostrando su cara más romántica.

También existe una gran crítica social, y ataque directo a muchos estamentos sociales a los cuales se acusa de corrupción o desigualdad: políticos, fuerzas de seguridad, clases adineradas, consumismo, etc. Otro tema habitual relacionado con la delincuencia es el robo de coches (roban por ejemplo muchos Seat 124, Seat 1430 Seat 131 y Seat 132, Chrysler 150 y Chrysler 180 o renault 12) y las posteriores persecuciones que transcurren por carreteras secundarias o grandes ciudades entre los quinquis y los "maderos" (la Policía Nacional). En el argot utilizado en estas películas se pretende imitar el habitual de barrios humildes, de ambientes delictivos y también se utilizan algunas palabras originales del caló.

Dentro del cine quinqui hubo varios directores, pero por encima de todos y debido al número de películas que rodaron para este género hay que destacar a José Antonio de la Loma (1924-2004), considerado el padre del cine quinqui, y a Eloy de la Iglesia (1944-2006).


JOSE ANTONIO DE LA LOMA

Hijo de militar, al principio dedicó su vida a la enseñanza, y ejerció como maestro de escuela en el Barrio Chino de Barcelona en los años cuarenta, pero ya desde su época universitaria, y a través del T.E.U., comenzó a interesarse por el mundo de la interpretación y fundó, junto a Juan Germán Shroeder, la compañía El Corral.

Debuta en el cine en 1953, adaptando La hija del mar, de Ángel Guimerá. Tras rodar algunos spaghetti westerns durante los años sesenta, viró hacia un cine de critica social, en el que quiso reflejar la forma de entender la vida y la muerte de los jóvenes delincuentes surgidos en el seno de una nueva clase urbana, asentada en los barrios marginales de las grandes ciudades como consecuencia de la emigración de los años sesenta y setenta. Fue de este modo como de la Loma inició el género cinematográfico conocido como cine quinqui.2

En esos títulos tuvieron cabida, como intérpretes no profesionales, adolescentes de baja extracción social que en algunos casos no hacían sino interpretar sus propias vidas. Era el caso de Juan José Moreno Cuenca, el actor de Yo, «el Vaquilla» (1985) o Ángel Fernández Franco, protagonista de Perros callejeros (1977) y Los últimos golpes de «El Torete» (1980), tres de sus películas más emblemáticas. El auténtico final de la actriz, en este caso profesional, Sonia Martínez, protagonista de Perras callejeras, tampoco dista mucho del que podía haber sufrido su personaje de Berta.3


También cultivó la literatura, en particular con las novelas Sin la sonrisa de Dios (1949), Estación de servicio, El undécimo mandamiento y El grito de la libertad (1976).


PERROS CALLEJEROS (1977)




PERROS CALLEJEROS II (1979)



 LOS ÚLTIMOS GOLPES DE EL TORETE (1980)





YO, EL VAQUILLA (1985)







PERRAS CALLEJERAS (1985)



TRES DIAS DE LIBERTAD (1995)



ELOY DE LA IGLESIA

Aunque nacido en Zarauz, se crio en Madrid, donde estudió Filosofía y Letras hasta el tercer curso; momento en el que decidió dedicarse al cine, teatro y televisión. A los 20 años de edad ya había escrito, dirigido o producido casi cincuenta títulos para el medio televisivo, como La doncella del mar, Los tres pelos del diablo y El mago de Oz, textos que formaron su primer largometraje Fantasía... 3 (1966). Intentó ingresar en la Escuela Oficial de Cinematografía, pero no lo aceptaron por no contar con la edad mínima requerida. Estudió cine en París en el IDHEC. Trabajó como guionista de televisión y, tras algunos trabajos en 8 mm, debutó en el citado Fantasía... 3 (1966). Después rodó Algo amargo en la boca (1969), que tropezó con la censura franquista dada su militancia en el Partido Comunista de España, problemas que le acompañaron además por el carácter profundamente provocador y revulsivo de su cine, de sesgo existencial y pleno de denuncia social y política.

Alcanzó el éxito comercial con la película El techo de cristal (1971); después de la melodramática película Cuadrilátero (1970). Se acercó después al cine de terror, despreciando los amaneramientos y academicismos estilísticos y estructurales: La semana del asesino (1972), Nadie oyó gritar (1973), Una gota de sangre para morir amando (1973), ficción científica deudora de La naranja mecánica de Stanley Kubrick, y Juegos de amor prohibido (1975), donde narra cómo un profesor humilla a una pareja de alumnos. Posteriormente aborda la problemática sexual y homosexual en filmes como La otra alcoba (1976) y La criatura (1977), cuyo asunto es una mujer con relaciones zoofílicas, denunciando la frustración sexual y el fracaso del matrimonio y la familia tradicional. Siguió con esta temática en Los placeres ocultos (1977), historia de un homosexual enamorado de un muchacho. Siguió con su temática habitual en El sacerdote (1978), El diputado (1978) -sobre un político homosexual, y que tuvo un gran éxito en Estados Unidos- y Miedo a salir de noche (1979). Esta última cinta, en una época marcada por la inseguridad ciudadana, difundió lo que acabó convirtiéndose en una leyenda urbana sobre una violenta banda de violadores.

En los años ochenta extiende estos temas al mundo de la marginación, la delincuencia juvenil y las drogas. A esta época pertenecen Navajeros (1980), Colegas, (1982), tal vez su mejor película, El pico una de las películas más taquilleras de los 80 (1983) y El pico 2 (1984), que se convirtieron en auténticos éxitos de taquilla y despertaron el malhumor e incomprensión de los críticos. En 1985 se apartó de esta temática para dirigir Otra vuelta de tuerca, adaptación de la novela de fantasmas de Henry James, y volvió al tema de la delincuencia callejera en La estanquera de Vallecas, sobre la obra teatral homónima de José Luis Alonso de Santos (1987), que también fue un éxito. Sin embargo Eloy de la Iglesia cayó en una sequía creativa en los años siguientes a causa de su adicción a las drogas (empezó a consumir heroína en 1983); tras desintoxicarse, recibió un homenaje del Festival de Donostia en 1996, que reavivó su deseo de volver a dirigir, tras 16 años en dique seco, y estrenó un nuevo filme, Los novios búlgaros (2003), una historia de amor homosexual cuya carga social tiene en este caso por ambiente el mundo de la emigración y se inspira en la novela homónima de Eduardo Mendicutti. Dirigió, asimismo, el Calígula de Albert Camus para televisión.

Amante del discurso directo y de estética naturalista, hizo protagonistas de sus trabajos a chicos de la calle reclutados en castings nada académicos en las afueras y en la frontera misma de la delincuencia: José Luis Fernández Eguia "El Pirri", José Luis Manzano, y una excepción, Antonio Flores, la mayoría fallecidos por sobredosis al cabo de cierto tiempo.

La obra de Eloy de la Iglesia es muy personal, disidente, transgresora y provocadora; inspira en parte la de Pedro Almodóvar, cuyo mundo se mueve en órbita próxima a la suya. Su cine posee puntos de contacto con el de Pier Paolo Pasolini (inspecciona el mundo del subproletariado y del lumpen como el director italiano) y Rainer Werner Fassbinder, al que aporta un elemento castizo y una violencia esencial en contenido y forma. Conmocionó la época de la Transición española con sus taquilleras historias de estilo tremendista que destemplaron a críticos (alguno de los cuales calificó sus películas de groserías fílmicas) y biempensantes.

De la Iglesia es célebre por haber retratado la marginalidad y el mundo de las drogas que se vivía en muchas ciudades españolas en los años 80 y que él mismo experimentó en carne propia. Parte de su obra está muy relacionada con el fenómeno conocido popularmente en España como cine quinqui, dada su aportación a este género cinematográfico con varias películas. En sus películas hay un ejemplo de compromiso con la realidad inmediata, gran honestidad y riesgo, frente al conformista panorama de la mayoría del cine de su tiempo. Fuera de sus discutibles méritos estéticos, su cine conserva un gran valor documental como fiel reflejo del tiempo que él vivió, especialmente de la marginalidad española de finales de los años setenta y principios de los ochenta.


EL DIPUTADO (1977)




MIEDO A SALIR DE NOCHE (1979)




NAVAJEROS (1980)




COLEGAS (1982)






EL PICO (1983)
















 EL PICO 2 (1984)




LA ESTANQUERA DE VALLECAS (1987)




OTRAS HISTORIAS DE "QUINQUIS"

MUERTE DE UN QUINQUI (1975)





LA COREA (1976)



 Y AHORA QUÉ, SEÑOR FISCAL (1977)




LOS PLACERES OCULTOS (1977)



 JUVENTUD DROGADA (1977)




 CHELY (1978)




 LOS VIOLADORES DEL AMANECER (1978)





CHOCOLATE (1979)




LA PATRIA DEL RATA (1980)




MARAVILLAS (1980)




BARCELONA SUR (1981)




 DEPRISA, DEPRISA (1981)





TODOS ME LLAMAN GATO (1981)




 DE TRIPAS CORAZÓN (1984)




FANNY PELOPAJA (1984)



EL LUTE (1987)




 EL LUTE II (1988)




 MATAR AL NANI (1988)




Fué tal el éxito de estas películas y de sus protagonistas, que incluso ocuparon portadas de las revistas de más difusión de la época.  Aquí unas muestras entre muchas de ese fenómeno.